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Martina prada

ROMÁNTICA CON PARKINSON

Quiero, sí, que me abrace en mi fragilidad,
que no me regañe cuando el cansancio me venza
o cuando el Parkinson me robe la calma.

Quiero, sí, que me acompañe a pasear sin prisa,
como quien comprende que lo más valioso
no se compra ni se pide:
andar juntos, reír en lo sencillo,
ser refugio en lo cotidiano.

Respiro hondo en mi romanticismo
y escucho la voz de Eckhart Tolle:
“No busques la paz. No busques lo ideal.
Acepta este instante tal como es.
Al rendirte, la no paz se transforma en paz.
Ese es el milagro de la rendición.”

Quizá amar con Parkinson
sea justamente eso: aceptar sin miedo,
abrazar la lentitud como un nuevo ritmo,
el cansancio como verdad,
el silencio como lenguaje compartido.

Alguien que camine conmigo,
aunque el paso sea corto,
que entienda que la paz no vive en lo perfecto,
sino en la entrega mutua,
en descubrir que, aunque tambaleemos,
juntos nunca nos hundimos.
soñando .. Martina.

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