Carmen Breijo García
"Resiliencia en el Parkinson: Filosofía y Psicología frente al desafío de la enfermedad."
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La enfermedad de Parkinson no solo implica síntomas motores como la rigidez, el temblor o la bradicinesia. Su impacto trasciende al plano psicológico y social, ya que la persona se enfrenta a la pérdida progresiva de autonomía, cambios en la autoimagen y la necesidad de reestructurar su vida cotidiana. En este marco, la resiliencia se presenta como un constructo psicológico clave para la adaptación.
En la literatura científica, la resiliencia se ha definido como la capacidad de afrontar de forma positiva experiencias adversas, manteniendo o recuperando un nivel adecuado de funcionamiento emocional y social. Como señaló Friedrich Nietzsche: “El que tiene un porqué para vivir puede soportar casi cualquier cómo”. Esta idea resuena con la forma en que los pacientes encuentran motivaciones para seguir adelante a pesar de las dificultades.
En pacientes con enfermedades crónicas neurodegenerativas, como el Parkinson, la resiliencia se convierte en un moderador entre la progresión de los síntomas y la calidad de vida percibida. Las personas con mayor resiliencia tienden a presentar menos síntomas de depresión y ansiedad, mayor adherencia a los tratamientos médicos y un mejor ajuste a los cambios funcionales.
Aunque ambos conceptos suelen vincularse, es importante diferenciarlos. El afrontamiento es el conjunto de estrategias cognitivas y conductuales utilizadas para manejar situaciones estresantes. La resiliencia, en cambio, es un proceso dinámico que refleja cómo la persona consigue adaptarse y recuperar el equilibrio a lo largo del tiempo.
En palabras de Epicteto, filósofo estoico: “No son las cosas las que nos perturban, sino nuestra opinión sobre las cosas”. Este enfoque coincide con la importancia de las estrategias de afrontamiento centradas en la reestructuración cognitiva y la reinterpretación de la experiencia.
En la enfermedad de Parkinson, las estrategias centradas en la resolución de problemas, la reestructuración cognitiva y la búsqueda de apoyo social tienden a potenciar la resiliencia, mientras que aquellas basadas en la negación o la evitación suelen relacionarse con mayor malestar emocional.
La investigación ha identificado ciertos factores que predicen niveles más altos de resiliencia en Parkinson. Sentido de coherencia: la capacidad de interpretar la vida como comprensible, manejable y significativa. Autoeficacia percibida: creer en la propia capacidad para manejar los síntomas y tomar decisiones sobre la rutina. Apoyo social: contar con redes familiares, grupos de pacientes o profesionales reduce el impacto emocional de la enfermedad. Espiritualidad o sentido trascendente: encontrar significado en la experiencia más allá de lo físico. Como expresó Viktor Frankl, psiquiatra y filósofo existencialista: “Al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas: elegir la actitud personal ante un conjunto de circunstancias”.
Diversos enfoques terapéuticos han mostrado eficacia en fortalecer la resiliencia en enfermedades crónicas. La terapia cognitivo-conductual ayuda a identificar pensamientos desadaptativos y transformarlos en interpretaciones más realistas y funcionales. El mindfulness y la terapia de aceptación y compromiso fomentan la aceptación de los síntomas y la acción guiada por valores personales. La psicología positiva utiliza técnicas como la gratitud, la identificación de fortalezas y las metas realistas para fortalecer la motivación. La intervención multidisciplinar que incluye fisioterapia, logopedia, neuropsicología y psicoeducación genera un abordaje integral.
La resiliencia no debe entenderse como un proceso únicamente individual. La llamada resiliencia familiar es un factor decisivo: se construye cuando existe comunicación abierta, distribución de responsabilidades, espacios compartidos de ocio y programas de psicoeducación. Una familia que se siente preparada y apoyada influye de forma directa en la capacidad del paciente de afrontar la enfermedad.
Más allá de la teoría, la resiliencia puede entrenarse mediante pequeñas experiencias cotidianas. El diario de logros diarios consiste en escribir antes de dormir tres pequeños logros del día, aunque sean mínimos, como “di un paseo de 10 minutos”, “pude reírme con un amigo” o “practiqué mis ejercicios de voz”. Esto entrena la atención hacia lo positivo. La respiración consciente adaptada consiste en dedicar 5 minutos al día a respirar de manera lenta y profunda contando las inhalaciones y exhalaciones. Puede realizarse sentado y con apoyo si es necesario, ayudando a entrenar la calma y disminuir la ansiedad. La actividad significativa adaptada se basa en identificar una actividad que era fuente de disfrute, como pintar, cocinar o escribir, y buscar una forma ajustada a las capacidades actuales de seguir haciéndola. El objetivo es mantener la conexión con el propio sentido de identidad. La rueda de apoyo social consiste en dibujar un círculo donde cada segmento represente a las personas de apoyo cercanas. Recordar visualmente que existen fuentes a las cuales recurrir actúa como recordatorio tangible de que no se está solo.
Trabajar la resiliencia no elimina los retos que trae consigo la enfermedad, pero sí ofrece un marco psicológico y emocional para transitarla con mayor fortaleza.
Como diría Séneca: “No es que tengamos poco tiempo, sino que perdemos mucho”.
Cada práctica diaria, por pequeña que parezca, puede convertirse en un recurso valioso que, sumado con el tiempo, marque una diferencia significativa. No hay compromiso más eficaz que el que suscribimos con nosotros mismos al buscar e intentar cada día vivir con sentido.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Benito-León, J., & Cubo, E. (2019). Impact of resilience on quality of life in patients with Parkinson’s disease. Journal of Neurology, 266(7), 1736-1744. https://doi.org/10.1007/s00415-019-09334-8
Calandri, E., Graziano, F., Borghi, M., & Bonino, S. (2018). Coping strategies and adjustment to chronic illness: A comparative study between patients with Parkinson’s disease and multiple sclerosis. Clinical Rehabilitation, 32(10), 1322-1332. https://doi.org/10.1177/0269215518772383
Fletcher, D., & Sarkar, M. (2013). Psychological resilience: A review and critique of definitions, concepts, and theory. European Psychologist, 18(1), 12-23. https://doi.org/10.1027/1016-9040/a000124
Li, J., Zhang, L., & Xu, Y. (2021). Resilience as a protective factor for depressive symptoms in patients with Parkinson’s disease. Frontiers in Psychiatry, 12, 628064. https://doi.org/10.3389/fpsyt.2021.628064
Martínez-Martín, P., Rodríguez-Blázquez, C., & Forjaz, M. J. (2012). Quality of life and burden in caregivers for patients with Parkinson’s disease: Concepts, assessment and related factors. Expert Review of Pharmacoeconomics & Outcomes Research, 12(2), 221-230. https://doi.org/10.1586/erp.12.14
Windle, G. (2011). What is resilience? A review and concept analysis. Reviews in Clinical Gerontology, 21(2), 152-169. https://doi.org/10.1017/S0959259810000420
Frankl, V. E. (2004). El hombre en busca de sentido. Herder.
Nietzsche, F. (2008). El crepúsculo de los ídolos. Alianza Editorial.
Epicteto. (2006). Manual. Alianza Editorial.
Séneca. (2016). De la brevedad de la vida. Alianza Editorial.
En la literatura científica, la resiliencia se ha definido como la capacidad de afrontar de forma positiva experiencias adversas, manteniendo o recuperando un nivel adecuado de funcionamiento emocional y social. Como señaló Friedrich Nietzsche: “El que tiene un porqué para vivir puede soportar casi cualquier cómo”. Esta idea resuena con la forma en que los pacientes encuentran motivaciones para seguir adelante a pesar de las dificultades.
En pacientes con enfermedades crónicas neurodegenerativas, como el Parkinson, la resiliencia se convierte en un moderador entre la progresión de los síntomas y la calidad de vida percibida. Las personas con mayor resiliencia tienden a presentar menos síntomas de depresión y ansiedad, mayor adherencia a los tratamientos médicos y un mejor ajuste a los cambios funcionales.
Aunque ambos conceptos suelen vincularse, es importante diferenciarlos. El afrontamiento es el conjunto de estrategias cognitivas y conductuales utilizadas para manejar situaciones estresantes. La resiliencia, en cambio, es un proceso dinámico que refleja cómo la persona consigue adaptarse y recuperar el equilibrio a lo largo del tiempo.
En palabras de Epicteto, filósofo estoico: “No son las cosas las que nos perturban, sino nuestra opinión sobre las cosas”. Este enfoque coincide con la importancia de las estrategias de afrontamiento centradas en la reestructuración cognitiva y la reinterpretación de la experiencia.
En la enfermedad de Parkinson, las estrategias centradas en la resolución de problemas, la reestructuración cognitiva y la búsqueda de apoyo social tienden a potenciar la resiliencia, mientras que aquellas basadas en la negación o la evitación suelen relacionarse con mayor malestar emocional.
La investigación ha identificado ciertos factores que predicen niveles más altos de resiliencia en Parkinson. Sentido de coherencia: la capacidad de interpretar la vida como comprensible, manejable y significativa. Autoeficacia percibida: creer en la propia capacidad para manejar los síntomas y tomar decisiones sobre la rutina. Apoyo social: contar con redes familiares, grupos de pacientes o profesionales reduce el impacto emocional de la enfermedad. Espiritualidad o sentido trascendente: encontrar significado en la experiencia más allá de lo físico. Como expresó Viktor Frankl, psiquiatra y filósofo existencialista: “Al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas: elegir la actitud personal ante un conjunto de circunstancias”.
Diversos enfoques terapéuticos han mostrado eficacia en fortalecer la resiliencia en enfermedades crónicas. La terapia cognitivo-conductual ayuda a identificar pensamientos desadaptativos y transformarlos en interpretaciones más realistas y funcionales. El mindfulness y la terapia de aceptación y compromiso fomentan la aceptación de los síntomas y la acción guiada por valores personales. La psicología positiva utiliza técnicas como la gratitud, la identificación de fortalezas y las metas realistas para fortalecer la motivación. La intervención multidisciplinar que incluye fisioterapia, logopedia, neuropsicología y psicoeducación genera un abordaje integral.
La resiliencia no debe entenderse como un proceso únicamente individual. La llamada resiliencia familiar es un factor decisivo: se construye cuando existe comunicación abierta, distribución de responsabilidades, espacios compartidos de ocio y programas de psicoeducación. Una familia que se siente preparada y apoyada influye de forma directa en la capacidad del paciente de afrontar la enfermedad.
Más allá de la teoría, la resiliencia puede entrenarse mediante pequeñas experiencias cotidianas. El diario de logros diarios consiste en escribir antes de dormir tres pequeños logros del día, aunque sean mínimos, como “di un paseo de 10 minutos”, “pude reírme con un amigo” o “practiqué mis ejercicios de voz”. Esto entrena la atención hacia lo positivo. La respiración consciente adaptada consiste en dedicar 5 minutos al día a respirar de manera lenta y profunda contando las inhalaciones y exhalaciones. Puede realizarse sentado y con apoyo si es necesario, ayudando a entrenar la calma y disminuir la ansiedad. La actividad significativa adaptada se basa en identificar una actividad que era fuente de disfrute, como pintar, cocinar o escribir, y buscar una forma ajustada a las capacidades actuales de seguir haciéndola. El objetivo es mantener la conexión con el propio sentido de identidad. La rueda de apoyo social consiste en dibujar un círculo donde cada segmento represente a las personas de apoyo cercanas. Recordar visualmente que existen fuentes a las cuales recurrir actúa como recordatorio tangible de que no se está solo.
Trabajar la resiliencia no elimina los retos que trae consigo la enfermedad, pero sí ofrece un marco psicológico y emocional para transitarla con mayor fortaleza.
Como diría Séneca: “No es que tengamos poco tiempo, sino que perdemos mucho”.
Cada práctica diaria, por pequeña que parezca, puede convertirse en un recurso valioso que, sumado con el tiempo, marque una diferencia significativa. No hay compromiso más eficaz que el que suscribimos con nosotros mismos al buscar e intentar cada día vivir con sentido.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Benito-León, J., & Cubo, E. (2019). Impact of resilience on quality of life in patients with Parkinson’s disease. Journal of Neurology, 266(7), 1736-1744. https://doi.org/10.1007/s00415-019-09334-8
Calandri, E., Graziano, F., Borghi, M., & Bonino, S. (2018). Coping strategies and adjustment to chronic illness: A comparative study between patients with Parkinson’s disease and multiple sclerosis. Clinical Rehabilitation, 32(10), 1322-1332. https://doi.org/10.1177/0269215518772383
Fletcher, D., & Sarkar, M. (2013). Psychological resilience: A review and critique of definitions, concepts, and theory. European Psychologist, 18(1), 12-23. https://doi.org/10.1027/1016-9040/a000124
Li, J., Zhang, L., & Xu, Y. (2021). Resilience as a protective factor for depressive symptoms in patients with Parkinson’s disease. Frontiers in Psychiatry, 12, 628064. https://doi.org/10.3389/fpsyt.2021.628064
Martínez-Martín, P., Rodríguez-Blázquez, C., & Forjaz, M. J. (2012). Quality of life and burden in caregivers for patients with Parkinson’s disease: Concepts, assessment and related factors. Expert Review of Pharmacoeconomics & Outcomes Research, 12(2), 221-230. https://doi.org/10.1586/erp.12.14
Windle, G. (2011). What is resilience? A review and concept analysis. Reviews in Clinical Gerontology, 21(2), 152-169. https://doi.org/10.1017/S0959259810000420
Frankl, V. E. (2004). El hombre en busca de sentido. Herder.
Nietzsche, F. (2008). El crepúsculo de los ídolos. Alianza Editorial.
Epicteto. (2006). Manual. Alianza Editorial.
Séneca. (2016). De la brevedad de la vida. Alianza Editorial.
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