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Conoce el parkinson

Parkinson y apatía: el síntoma no motor que va más allá de la depresión

Parkinson y apatía: el síntoma no motor que va más allá de la depresión

“Ya no tiene ganas de nada…”, “parece que todo le da igual…”. Quizás estas frases le suenen familiares a quienes conviven con alguien con párkinson (o lo viven ellos mismos). No se trata solo de estar tristemente desanimado, sino de que la persona no experimenta el impulso de hacer cosas que antes hacía con gusto.


Puede dejar de buscar compañía, de salir al paseo, de hablar de sus proyectos, y aquello que antes movilizaba su vida parece estar apagado.


Esto afecta, lógicamente, a su entorno: familiares que no entienden si se trata de “depresión”, de “tristeza” o de algo más; y profesionales que quizá no lo valoran adecuadamente porque la persona “no está triste” sino “apática”.


La enfermedad de Parkinson no solo afecta al movimiento. Aunque los temblores, la rigidez y la lentitud de movimientos son los síntomas más conocidos, hay muchos otros aspectos de la vida cotidiana que también se ven alterados. En este sentido, los síntomas no motores, como la apatía, son clave para comprender el impacto completo de la enfermedad.


 


¿Qué es la apatía en la enfermedad de Parkinson?

La apatía se refiere a la falta de motivación o iniciativa para realizar actividades, no es una cuestión de falta de cariño o voluntad. Es un síntoma que afecta al comportamiento y las emociones de la persona, pero no necesariamente se asocia con tristeza.


La prevalencia de la apatía en la EP es alta, con estudios que estiman que entre el 16% y el 48% de las personas con párkinson experimentan este síntoma.


 


Cómo se nota la apatía en el día a día

La apatía en el día a día se manifiesta de diferentes maneras, que afectan la capacidad de la persona para llevar a cabo actividades cotidianas y emocionales:


 Cambios en la iniciativa: La persona deja de proponer planes, y necesita que se le recuerden cosas o que alguien lo empuje para iniciar tareas.


• Cambios emocionales: Responde con menos entusiasmo a noticias buenas o malas, mostrando indiferencia ante situaciones que antes le hubieran generado emoción.


• Cambios en la organización de tareas: Aunque es capaz de realizar actividades, le cuesta empezar. Puede necesitar ayuda para organizarse y continuar con las rutinas.


 


Apatía y la depresión en la EP: parecido, pero no es lo mismo

Aunque la apatía y la depresión pueden compartir algunos síntomas, como la falta de motivación, no son lo mismo. La depresión está relacionada con emociones como tristeza, desesperanza, culpa o baja autoestima. Por el contrario, la apatía está caracterizada por la falta de ganas, iniciativa o emoción, pero sin necesidad de que haya tristeza o pensamientos negativos.


Es importante entender que la apatía y la depresión pueden coexistir en las personas con párkinson. Por ello, es fundamental comentarlo durante las consultas médicas para poder abordarlo adecuadamente.


 


Por qué la apatía importa: impacto en la calidad de vida

La apatía tiene un gran impacto en la vida diaria de las personas:


 Mayor dependencia: La persona afectada necesita más ayuda para llevar a cabo las actividades cotidianas, ya que pierde el impulso para hacerlo por sí misma.


• Dificultades para seguir tratamientos y rutinas: La falta de motivación puede afectar la adherencia a tratamientos médicos, ejercicio, dietas o citas médicas.


• Mayor carga para los cuidadores: La apatía aumenta la carga para los cuidadores, quienes deben insistir más para que la persona con párkinson realice tareas o tome decisiones.


 


Cómo abordar la apatía en la enfermedad de Parkinson

Lo que puede hacer el equipo médico


Valorar los síntomas no motores: El equipo médico debe tener en cuenta los síntomas no motores, como la apatía, en cada revisión para determinar su impacto y tratarlo de manera adecuada.


 


Lo que puede hacer la persona con párkinson

• Mantener rutinas sencillas: Tener una rutina estable, aunque sea muy básica, ayuda a mantener un poco de estructura y motivación diaria.


 Actividad física adaptada: Realizar actividad física, aunque sea ligera, puede estimular la motivación y mejorar el estado de ánimo.


• Dividir las tareas en pasos pequeños: A veces, dividir las actividades grandes en pasos más pequeños y manejables puede ayudar a superar la parálisis que produce la apatía.


 


Lo que puede hacer el entorno y los cuidadores

 Entender la apatía: Es importante que los cuidadores y familiares comprendan que la apatía no es pereza ni falta de cariño, sino un síntoma de la enfermedad.


Proponer actividades concretas: En lugar de esperar que la persona con Parkinson tome la iniciativa, los cuidadores pueden proponer actividades pequeñas y manejables, como un paseo corto o una actividad sencilla.


Acompañar y apoyar: Apoyar en el proceso de realizar tareas y acompañar en el día a día puede hacer una gran diferencia.


Cuando se trate de la apatía en la consulta médica, es útil llevar ejemplos específicos de cómo ha cambiado el comportamiento de la persona. Por ejemplo, mencionar si ha dejado de hacer cosas que antes le interesaban o si tiene dificultades para iniciar tareas cotidianas. Hablar de estos cambios ayudará a los profesionales de la salud a hacer una evaluación más completa y ajustar el tratamiento si es necesario.


Poner nombre a la apatía es el primer paso para entenderla y abordarla. A través de una evaluación adecuada y un enfoque multidisciplinario, se puede mejorar la calidad de vida de las personas con párkinson que sufren de apatía. Reconocer y tratar este síntoma, muchas veces olvidado, es clave para mejorar la autonomía y el bienestar general de las personas afectadas por esta enfermedad.


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