Permitidme que hoy le dedique este espacio a mi madre. Puede que penséis que para todos su madre es la mejor. Y seguramente todos tenéis razón: la vuestra, la de cada uno es la mejor. Pero dejadme que os hable de la mía.
Mi madre se llama Rosa, como yo. Al igual que todos los hijos, y fruto de la falta de madurez y experiencia, también fui una hija algo "repelente" que se sentía agobiada, controlada...(¡qué sabrá mi madre de la vida, de mi vida!) Pero el tiempo, te va colocando en tu sitio y la enfermedad te obliga a mirar de frente a la realidad... Y ahí estaba ella.
Afortunadamente no tiene párkinson. Con 93 años sigue viviendo sola y ha tenido que hacer frente a sus miedos de mujer viuda acostumbrada a estar siempre con el apoyo y la tutela de su marido. Y nos demostró que el coraje y el deseo de salir adelante es lo que cuenta, lo único que te permite continuar y disfrutar, por qué no, de la vida.
Nació en el seno de una familia numerosa, y muy pobre. Apenas tuvo escolarización y aprendió a leer en los tres meses de preparación para hacer la Primera Comunión. Con 54 años leyó su primer libro y ya no ha parado. Le gusta que la llevemos de exposiciones aunque no las entienda más allá de "qué bonito". Lamenta no haber podido estudiar por eso procuró que sus hijas lo hiciéramos.( ¡¿Y qué importa eso?!)
Sufre sabiendo que tengo párkinson y le gustaría poder ayudarme. Pero ya lo hace con su ejemplo, con su valentía y con su cariño.
Me gustaría tener más paciencia, no dejarme llevar a veces de los impulsos. Me gustaría ser una hija perfecta...Pero no lo soy. Tan sólo deseo tener el tiempo suficiente para decírselo y demostrárselo como se merece.
Es mi modelo de paciencia y generosidad (quizás no sean mis cualidades)
Te quiero mamá.

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