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ROBERT HIRIGOYEN

Lo que me quita y lo que me da

Son las tres de la mañana, y estoy sentado frente a la computadora. Nervioso, porque en tres días viajo al Congreso Mundial de Parkinson, en EEUU.

Casi me pongo contento de estar nervioso.

Hace como 20 días que vengo durmiendo espectacularmente, 6, 7 y hasta 8 horas de corrido, sin tomar nada, sólo con la higiene del sueño, y cada día, al despertar, sentía la alegría de una noche plena de descanso.

Además, se estaba acercando la fecha del viaje, donde voy a presentar mi libro “Los caminos de la dopamina” en formato póster, y no me ponía nervioso.

Bueno. Me llegó. Estoy nervioso, y me desperté a las tres de la mañana.

¿Y por qué me pongo contento? Pensarás al leer este blog.

Es sencillo, porque me doy cuenta de que voy a viajar a un país con un idioma que desconozco, sólo, sin conocer a nadie, a presentar un póster en inglés, con 20 horas de viaje, 2 escalas, 3 aviones, y eso significa una sola cosa: ¡Estoy vivo! Voy a viajar, a conocer gente con la misma enfermedad que yo, con la misma lucha que yo, y con la misma voluntad de viajar a conocer gente de otros países.

Y además, tengo el desafío de recuperar, cuando vuelva del viaje, la odisea de dormir 6, 7 o hasta 8 horas de corrido sin tomar nada, sólo con la higiene del sueño, con la respiración consciente.

De eso se trata mi casi ponerme contento. De tener un desafío esperándome al regreso de este viaje que no sé qué me deparará.

Eso es importante. Lograr algo que el Parkinson me quita.

El viaje, un regalo que el Parkinson me da.

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