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Paqui Ruiz González

LA PACIENCIA DE SER UNO MISMO EN NAVIDAD

Ya ha pasado la primera estación navideña, como si estás fechas fueran un gran "Slam".

La mesa está recogida, los invitados se han ido y, por fin, hay un poco de silencio. Pero ahora, cuando se apagan las luces, es cuando aparece el verdadero invitado inesperado: acompañado del agotamiento total, no recuerdo que los hubiera invitado.

Nos quedan dos estaciones más por delante y aquí estamos muchos, necesitando dos días enteros para volver a ser personas.

​A veces nos engañamos. Decimos que hay que tener paciencia con los demás, con el ruido o con las prisas de estas fechas, pero la verdad es otra. La paciencia de la que hablo es la que necesitamos tener con nosotros mismos. Esa lucha interna entre lo que nuestra cabeza quiere hacer —ser el anfitrión perfecto, llegar a todo, que no se note nada— y lo que nuestro cuerpo, con el Párkinson a cuestas, nos permite realmente ser.

​Es esa manía de querer demostrar que podemos con todo. Nos autoexigimos como si no pasara nada, y claro que pasa. Pasa que el esfuerzo es el doble, que el control de los movimientos nos deja fritos y que el estrés de que todo salga "bien" nos pasa una factura carísima en cuanto se cierra la puerta tras el último invitado. ¡Toma ya! Dos días de recuperación. Es el peaje por intentar ser superhéroes cuando el cuerpo nos pide tregua.

​Pero compañeros, nos quedan dos etapas: Nochevieja y Reyes. Y esta vez, después del meneo que llevamos en Nochebuena y Navidad, el plan tiene que ser otro.

​No se trata de rendirse, se trata de ser más listos que la enfermedad. Si para la próxima cena el menú tiene que ser más sencillo, que lo sea. Si en vez de cocinarlo todo, dejamos que otros traigan las bandejas o nos ayuden a servir, pues se deja hacerlo. No somos menos anfitriones por cuidar nuestra energía; al revés, somos más sabios. Porque si llegamos a las uvas o al roscón con la lengua fuera y temblando de puro agotamiento, no vamos a disfrutar de lo que realmente importa: la compañía.

​Estas fiestas no son para cumplir un expediente ni para que la casa parezca una revista. Son para estar. Así que mi propósito para lo que queda de este 2025 es bajar un poco la marcha. Que los platos no brillen tanto, pero que nuestras fuerzas aguanten. Que estemos presentes, pero sin ese agotamiento que te nubla el ánimo.
​Paciencia con nosotros, sí. Pero sobre todo, un poco de compasión. Que bastante hacemos ya cada día lidiando con lo que nos ha tocado, como para encima exigirnos ser perfectos.

Así que a cuidarnos más, mis queridos "correligionarios". Nos vemos en la próxima etapa, comunidad.

Pero esta vez, vamos a intentar que sea a nuestro ritmo.

🎄 FELIZ AÑO NUEVO🎄

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