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Mar Lorido Cortés

LA HISTORIA DEL SENTIDO DE LA VIDA.

Cuando sufrimos una enfermedad degenerativa sin curación nos preguntamos sobre el sentido de nuestras vidas desde una perspectiva de pérdida de lo que éramos hasta entonces. Buscamos objetivos y propósitos en la vida que confundimos con el sentido de la vida. No obstante los objetivos y propósitos son muy importantes para todo ser humano. Pensamos que las personas se han preguntado desde el principio de los tiempos sobre esta cuestión y que de una manera y otra hallaron el sentido único y real.
La verdad es que conforme ha pasado el tiempo es más complicado definir el sentido de la vida.
Lo que el autor propone es el cambio del sentido de la vida que ha habido sobre todo en la civilización occidental, dado que es lo que más conocemos. En un primer momento, con la filosofía griega antigua que ha sido una de las fuentes de nuestra cultura, en el Cosmos y en el Olimpo se encontraba la razón de nuestra existencia. Sin embargo cada vez ha cambiado según las épocas porque cada vez se incorporan dimensiones más numerosas, simultáneas y sobre todo, más humanas.
Y así, durante la Edad Media, la propagación de técnicas nuevas así como la diversificación de los modos de vida hizo que la teología no pudiese proporcionar un marco de sentido adecuado. Aparecieron filósofos como Averroes, Maimónides y Santo Tomás de Aquino que incorporaron aportaciones sobre todo aristotélicas para construir un pensamiento más adaptado al nuevo contexto pero sin embargo en el que el predominio del sentido de la vida tuviera un origen divino.
Posteriormente, a los humanistas les pareció que esa apertura al nuevo modo de vida tenía unos resultados mucho más directos y convincentes si se basaban en la libertad del hombre más que en la voluntad de Dios. El sentido de la vida viajaba desde el exterior, el Cosmos, al interior, a lo humano.
De todas formas se vio a partir del siglo XIX que la visión racional y moral de la Ilustración no bastaba para darle un sentido a la vida porque dimensiones subyacentes e inconscientes de la vida no habían sido suficientemente tomadas en consideración. Es la época en la que aparece Hegel con la astucia de la razón, la lucha de clases de Marx o la voluntad de poder de Nietzsche.
Un Dios personal ya es más humano que el Cosmos; un sujeto libre y consciente más humano que Dios. Con la incorporación del "sujeto roto" aparecen dimensiones de la vida humana hasta entonces olvidadas marginadas o reprimidas, pulsiones inconscientes, lo cotidiano, la parte más próxima a la naturaleza y los demás.
En definitiva, en una primera fase, todo lo que le daba sentido a la vida humana pertenecía al orden cósmico independientemente de la existencia de los hombres. Ya en el segundo principio el de las grandes religiones monoteístas se incorporan actitudes mucho más personales puesto que el creyente es el que tiene una relación individual con Dios y es el que puede inferir en él la voluntad de darle sentido a la existencia humana. En tercer lugar el humanismo tiene en cuenta la libertad de cada uno y esa es lo que la base del sentido de la existencia y finalmente a partir del siglo XIX en la llamada fase de deconstrucción, al tratar el sentido de la vida, se incorporan otras aportaciones como la enfermedad ,la sexualidad, la feminidad, la masculinidad, la infancia, la vejez incluso la locura o el aburrimiento, lo irracional...
Ninguna de estas fase excluye a las otras y por eso encontramos individuos de hoy en día que realmente conciben el sentido de su vida de una manera como los filósofos antiguos, no hay nada más que ver el resurgimiento del estoicismo como filosofía de vida. Para otros sigue estando en manos de la voluntad divina y para otros a la razón del espíritu humano libre. Al fin y al cabo vivimos en el eclecticismo en las creencias y en la filosofía; un pastiche único e individual que podemos hacer tomando diferentes cosas de los diferentes momentos históricos. No es el caso en que el último en hablar es el que tiene la razón. Esa apertura a la pluralidad de las diferentes filosofías aunque sea de una manera insatisfactoria hace que haya mayor diversidad en la manera de relacionarnos con la vida.
Y es que hay algo en común en todas: siempre, furiosamente, como telón de fondo está la búsqueda de la salvación y el miedo a la muerte.

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