Hoy, en una conversación con un amigo, ha surgido la frase: "La mejor ayuda para levantarse del suelo es el mismo esfuerzo con el que uno cayó”. Me ha parecido una frase poderosa que subraya la resiliencia necesaria ante cualquier tipo de adversidad.
Si bien recibir el diagnóstico de una enfermedad como el Parkinson no es literalmente una caída, sí es algo que conlleva asumir la realidad ineludible de esta junto con la manifestación de sus síntomas iniciales. Esto puede percibirse como un golpe duro en la vida de cualquier persona; como una caída. La mejor forma de "levantarse" y seguir adelante no radica en la negación de la enfermedad, sino en aceptarla como un nuevo punto de partida.
El Parkinson en sí mismo se transforma en la herramienta para la resiliencia, basada en el conocimiento profundo de la enfermedad, de sus síntomas, su posible progresión, y sus limitaciones actuales y futuras. Todo este conocimiento nos propiciará el desarrollo de estrategias de afrontamiento efectivas. El planteamiento no es luchar contra las circunstancias, sino utilizar la nueva realidad para planificar nuestro avance en la vida.
La adaptación a esta nueva realidad es como el impulso necesario para recuperarse de una caída. Los síntomas como el temblor, la rigidez o la lentitud de movimientos obligarán a la persona afectada a reinventarse e innovar en sus rutinas habituales. Incluso se hace necesaria la incorporación de nuevas rutinas, como la práctica de ejercicio, la cual es crucial para ralentizar la progresión de la enfermedad y enmascarar los síntomas lo máximo posible.
El esfuerzo adicional requerido se convierte en la "fuerza" que impulsará nuevas formas de moverse, de comunicarse y de vivir.
Pertenecer a una comunidad de pacientes como es la Comunidad DEGÉN, se puede comparar con el apoyo sólido necesario para levantarse de una caída. La pertenencia a ella facilitará enormemente la readaptación del paciente a la nueva condición.
Esto se logra con:
- La conexión con otros pacientes, que está facilitada a través de la participación en el programa de terapias (psicología, fisioterapia, logopedia y nutrición).
- La ayuda recibida en forma de mentorizaciones individuales.
- La participación en grupos de apoyo.
- El soporte de los terapeutas profesionales.
Las experiencias compartidas se convierten en el punto de apoyo que permite seguir creciendo, a pesar del peso de la enfermedad. La ayuda más efectiva es utilizar la propia condición de enfermo, manejada con dignidad y proactividad, para así transformar lo que podría ser un posible punto de hundimiento en una base sólida para vivir el futuro.
Si bien recibir el diagnóstico de una enfermedad como el Parkinson no es literalmente una caída, sí es algo que conlleva asumir la realidad ineludible de esta junto con la manifestación de sus síntomas iniciales. Esto puede percibirse como un golpe duro en la vida de cualquier persona; como una caída. La mejor forma de "levantarse" y seguir adelante no radica en la negación de la enfermedad, sino en aceptarla como un nuevo punto de partida.
El Parkinson en sí mismo se transforma en la herramienta para la resiliencia, basada en el conocimiento profundo de la enfermedad, de sus síntomas, su posible progresión, y sus limitaciones actuales y futuras. Todo este conocimiento nos propiciará el desarrollo de estrategias de afrontamiento efectivas. El planteamiento no es luchar contra las circunstancias, sino utilizar la nueva realidad para planificar nuestro avance en la vida.
La adaptación a esta nueva realidad es como el impulso necesario para recuperarse de una caída. Los síntomas como el temblor, la rigidez o la lentitud de movimientos obligarán a la persona afectada a reinventarse e innovar en sus rutinas habituales. Incluso se hace necesaria la incorporación de nuevas rutinas, como la práctica de ejercicio, la cual es crucial para ralentizar la progresión de la enfermedad y enmascarar los síntomas lo máximo posible.
El esfuerzo adicional requerido se convierte en la "fuerza" que impulsará nuevas formas de moverse, de comunicarse y de vivir.
Pertenecer a una comunidad de pacientes como es la Comunidad DEGÉN, se puede comparar con el apoyo sólido necesario para levantarse de una caída. La pertenencia a ella facilitará enormemente la readaptación del paciente a la nueva condición.
Esto se logra con:
- La conexión con otros pacientes, que está facilitada a través de la participación en el programa de terapias (psicología, fisioterapia, logopedia y nutrición).
- La ayuda recibida en forma de mentorizaciones individuales.
- La participación en grupos de apoyo.
- El soporte de los terapeutas profesionales.
Las experiencias compartidas se convierten en el punto de apoyo que permite seguir creciendo, a pesar del peso de la enfermedad. La ayuda más efectiva es utilizar la propia condición de enfermo, manejada con dignidad y proactividad, para así transformar lo que podría ser un posible punto de hundimiento en una base sólida para vivir el futuro.
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